lunes, 23 de mayo de 2011

Pandillas y el Servicio Militar Obligatorio

La propuesta de Luisa María Cuculiza sobre el regreso del Servicio Militar Obligatorio (SMO) y el debate formado en los días subsiguientes nos hace recordar que frente a la demandas de la población en materia de seguridad el discurso de la mano dura siempre es el más efectista pero no el apropiado.

Las pandillas: mitos del pandillaje

Cuando la población se refiere a las pandillas, las señala como delincuentes, vagos, lacras sociales que deberían ser excluidos y reformados a través de medidas drásticas para terminar con ellas. Si bien es comprensible el malestar, también nos hace pensar de la incapacidad de la población de no ponerse “en los zapatos del otro” así como de reflexionar el porqué de sus prácticas, por ello, aporto con algunas ideas que no siempre son tomadas en cuenta antes de hablar del tema.

Toda persona que habla en general de la “pandilla” no toma en consideración al sujeto mismo, es decir, al joven pandillero, por lo que el estereotipo de la pandilla es que es un grupo que se forma para violentar y cometer delitos. Sin embargo, las pandillas se forman por otro tipo de carencias, lo que transforma a este problema en un efecto más que una causa. La pandilla es una respuesta a la "violencia estructural" que los jóvenes viven, y que se traduce en: un ambiente sin oportunidades laborales, donde la policía los golpea, la sociedad los discrimina y donde su familia les da la espalda. Es en este clima violento los jóvenes del "auto-organizan" en pandillas para defenderse de la sociedad y hacerse la "collera" frente a lo que consideran un abuso. Es así como este tipo de grupos juveniles busca formar instituciones socializadoras alternativas en donde comparten creencias y hábitos comunes, creando un status social paralelo al de la sociedad misma.

A esto se le suma el conjunto de prácticas machistas que son replicadas entre los jóvenes varones, que en muchos casos, son reproducciones del maltrato e indiferencia de sus padres, lo que termina convirtiéndose en un ciclo que (re)produce la violencia familiar ante la falta de afecto. ¿Será acaso casual que la mayoría de pandillas estén compuestas por varones?[1]

Esta primera reflexión nos lleva a pensar si es que el SMO sería una medida que atendería el problema de violencia estructural y familiar o por el contrario agravaría el problema.

Instrumentalizando a los jóvenes pandilleros

Sin embargo, aunque los medios de comunicación, la opinión pública y los políticos condenan las prácticas violentas de las pandillas, pareciese como si hubiera una doble moral sobre sus prácticas en beneficio de terceros. Por ejemplo, los medios de comunicación usan a las pandillas para hacer notas de prensa, en la que los policiales estereotipan y refuerzan la identidad de las pandillas como sanguinarias y subversivas.

Por otro lado, muchos de estos jóvenes son utilizados por los políticos y la sociedad en general para los desalojos y las campañas electorales. Esto se debe a que tanto la sociedad en general como el Estado consideran a la niñez y la juventud como el “futuro” del país, lo que limita la participación de los mismos en el mundo trabajo y la política.

Prueba de ello, se puede observar que en la política, la juventud es usada como relleno de listas partidarias o –en las políticas públicas- como “población vulnerable”. Para el caso de las pandillas solo son vistas como un tema inseguridad, sin siquiera incorporar soluciones que partan de la misma percepción de los pandilleros. ¿Alguien les ha consultado el porqué de su comportamiento? ¿Qué les faltaría para dejar la pandilla? Sin duda no.

Las propuestas efectistas: ¿interés real o electoral?

No es necesario hacer un diagnóstico sobre las soluciones que la población plantea para las pandillas, estas se muestran en enunciados como: "hay que matarlos por son lacra social", "mano dura para desaparecerlas" o "que vayan a la cárcel".

De esta última, uno puede notar que su solución se encuentra “entre muros”, es decir la exclusión y la “invisibilización”. Por ello, muchas de las soluciones que se le dan a los jóvenes pandilleros en Lima es la de enviarlos a “Maranguita”, a un centro de rehabilitación o la novedosa (¿?) propuesta de enviarlos a hacer el Servicio Militar Obligatorio, es decir, encuartelarlos. ¿Será ésta una medida que dará solución a nuestro reclamo de seguridad?

El Servicio Militar Obligatorio es una medida improvisada, nada innovadora y demuestra incapacidad para resolver problemas públicos, lo cierto es que existen otros intereses de por medio, el generar una corriente de opinión que va en la misma lógica de la pena de muerte, o de la mano dura contra la delincuencia. No por ello digo que las pandillas sean buenas y no generen violencia, sino que la propuesta no es viable y es usada solo para conseguir una gran cantidad de votos, alejándonos del verdadero interés real por resolver y debatir el problema.

Pregunto: Si un tercio de la población peruana es joven, ¿De dónde sacarán dinero para soportar los gastos de cada joven?

Políticas necesarias

Como bien hemos señalado el problema del pandillaje es complejo, por ello las medidas para atenderlo deben ser igual de complejas y para ello, se necesita una mejor inversión en la participación política de los jóvenes (tema del que nadie habla) y que ayudaría a contar con mejores estrategias y buscar soluciones de manera concertada.

Contar con capacitación técnico laboral para brindar mejores oportunidades de empleo juvenil y en el desarrollo de microempresas juveniles. Sin oportunidades los jóvenes no podrán obtener independencia ni desarrollar capacidades para su madurez. El SMO busca mantener momentáneamente “tranquilos” a los jóvenes y no les permite salir de la pobreza.

Una solución el sector defensa no solo es efectista, sino también inviable, las políticas públicas debe ser integrales, y deben vincular varios sectores y presupuestos (educación, salud, seguridad, defensa, etc.) de modo que la propuesta pueda tener sostenibilidad.

Una política en programas de prevención educativa es imprescindible, esto permitirá que la inversión no se pierda, sino que retorne. Además, los programas de prevención deben atender la salud física y mental de los jóvenes en riesgo.

Es necesario crear nuevos espacios públicos para jóvenes, no basta con construir canchas, ni ligas deportivas, el deporte es un buen pasatiempo, pero no una actividad permanente.

Finalmente, se debe reformar el sistema penal juvenil, porque no educa y (al igual que la cárcel) genera la “profesionalización” de la delincuencia.




[1] Esta afirmación no quiere decir que no existan pandillas femeninas, prueba de ello es el caso ayacuchano, el cual necesitaría ser investigado para conocer sus causas.

jueves, 17 de marzo de 2011

IGUALDAD SÍ, PERO NO PARA MI MUJER

A una semana del día internacional de la mujer, una encuesta llevada por el Instituto de Opinión de la PUCP en el 2010[1] me ha llevado a la reflexión sobre los reales avances en la inclusión y participación de la mujer en el ámbito público y privado. A primera impresión, podemos señalar que el Perú viene realizando esfuerzos por un mejor acceso de la mujer al trabajo, a la educación y a la escena política. Prueba de ello, en la mencionada encuesta las percepciones de la población cuando se les pregunta si en la práctica la mujer tiene más, iguales o menos oportunidades que un hombre, un alto porcentaje considera como iguales las oportunidad de: conseguir empleo (59%), ganar un buen salario (62%), asumir un cargo público (64%) y acceder a una buena educación (80%).

Sin embargo, de estos datos podemos suponer dos situaciones. Primero, que los avances en materia de equidad e igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres atienden al principio de “a mayores ingresos, mayor libertad”. Y segundo, que en un país en donde la mayoría la población tiene muy en cuenta la desigualdad que existe, ésta no puede solo considerar a la redistribución económica como su solución, sino que implica atender al desarrollo humano de manera integral, considerando el cambio de actitudes a través de la educación.

La hipótesis que planteo es que para que el cambio de la realidad en materia de la igualdad y equidad de género se haga efectivo, se debe asistir también al cambio de las costumbres y actitudes de parte de las mujeres y de los hombres, como reproductores del sistema patriarcal.

Veamos pues, los siguientes datos de la misma encuesta, en la que se señala que el 67% de encuestados considera que los peruanos somos muy machistas o bastante machistas, mientras que solo un 31% considera que los peruanos somos poco o nada machistas. ¿Cómo se interpreta esta realidad?

Si consideramos esta pregunta de acuerdo al nivel socio económico, los encuestados de los niveles A/B consideran que los peruanos somos muy machistas (77%) mientras que la cifra se reduce en 21 puntos (56%) en los niveles D/E, estas cifras se interpretan de la siguiente manera: A mayor nivel socioeconómico (tanto de hombres y mujeres) las personas cuentan con mejores oportunidades para el acceso al mercado, lo cual permite que las mujeres sean vistas como agentes de cambio y sostenimiento familiar, mientras que, en las familias de los sectores D/E prefieren mantener a las mujeres al ámbito privado junto a los roles domésticos que se le atribuyen; sin embargo, esta manera de ver las cosas no transforma el carácter instrumental de la mujer sino que contribuye con la inequidad en la que vivimos.

En un curso llevado con líderes sociales sobre el tema, sus respuestas (políticamente correctas) eran: “sí a la educación de las mujeres”, “sí al acceso igualitario al trabajo” y “sí la participación de la mujer en la política”. Pero, al escarbar en el campo de lo privado la respuesta era no, “no, mi mujer está para cuidar a mis hijos”, “no, mi mujer no puede tener amigos ni amigas”, “no, mi mujer no tiene tiempo para la política”. Asimismo, en el campo de lo íntimo y lo sexual, el “no” se hacía más tajante. Entonces ¿Qué sucede entre lo que se dice y se hace? la respuesta la podemos encontrar en el carácter privado de la vida de la mujer. En la encuesta al preguntarles sobre las competencias en la vida en el hogar, los encuestados terminan con este contundente dato. “¿En su hogar, quién se hace cargo de las siguientes tareas…?” De las respuestas, la gente considera como principal labor de la mujer el preparar la comida (68%), Lavar la ropa (53%), hacer compras al mercado (50%) y hacer la limpieza 47%.

Por ello, es necesario que para acabar con estas brechas se debe de abordar el problema directamente sobre las costumbres y actitudes de la población, volcando este tema -de interés público- en el cuestionamiento del rol de la mujer (trabajo muy bien llevado por las feministas) pero, incompleto mientras que las políticas públicas no incorporen al varón como sujeto víctima también del machismo.

martes, 7 de julio de 2009

El rum rum...y ¿on tá mi Ti tí?


Re-empezando...
A más de dos meses sin escribir, reanudo mi labor, (aunque con mil cosas que hacer) han sido unos meses devastadores, y me he perdido una gran cantidad de acontecimientos de los que me hubiera gustado escribir (en su mayoría de corte político, pero recondando el sentido de este blog) pido disculpas... espero vuelvan a leerme.

En una conversación con un español sobre Lima, empezamos a hablar de lo más terrible que tiene, es decir, su tránsito. (Ahora que el ambiente anda muy movido con los paros de los transportistas) Sin duda, el tránsito es una pecualidad de Lima, ya basta con entrar al Facebook y jugar el "Combi Crazy" o hablar de la cultura combi, para hacer referencia a ese mundo de música chicha, de luces, de correteos, chantadas, de "plomos" y causas, este mundo subcultural y suburbano.

En un post anterior hablamos del claxón como una extensión del malestar, del grito, de la incomodidad que puede causar el otro chofer: porque te cerró, porque el taxi de adelante se ha cuadrado mal, porque está negociando con algún igual de imprudente peatón o porque es una combi se "chanta" en semaforo verde, porque se encuentra vacío.

Ahora, el aprendizaje de los niños se basa en analogías de los objetos con sus sonidos onomatopéyicos - basta recordar el comercial de Perú.21 sobre los rompecabezas, y el modo de enseñarles a hablar a los niños-. Es así, como a un pato se le llama "cua cua", a un tren "chu-chu" o el perrito "guau-guau"; todas estos sonidos onomatopéyicos son de uso universal por muchas culturas; sin embargo, no siempre son tan universales como suponemos, y mas bien, pueden basarse en características propias de algunas culturas; este es el caso del TI TÍ (me refiero al automovil) y su choledad.

Hagamos un ejercicio, busquen en Google la onomatopeya "ti tí", y se daran cuenta que no se muestra en ninguna cultura más que en la peruana para hacer mención sobre el carro; en otros países los niños para referirse a los carros dicen "rum- rum"...¿por qué? pues, se debe a que en otros países el automovil se caracteriza por el sonido de su motor, ya que si los conductores hacen uso indebido de la bocina, a estos se les aplica una multa; mientras que en el Perú, (aun despues del nuevo Código de Tránsito) lo más característico de un auto, es el interminable y exagerado uso de la bocina. Ti tíííííííííííííííííííííííí........

Les dejo con el video